El ciclismo en un deporte duro, competitivo, en el que mucha gente se ha dejado la vida, o casi, durante muchos años por un salario miserable. El boom del ciclismo de los años 90 y de este comienzo de S.XXI hizo que la élite de este deporte pasase a cobrar sueldos millonarios y los gregarios fuesen poco a poco subiendo su nivel adquisitivo. Junto a este fenómeno -y ha quedado acreditado en los juzgados- se produjo la introducción del dopaje profesional. Los que han estado cerca del ciclismo desde hace tiempo sostienen que siempre se han buscado "ayudas extras" para aguantar sobre la bici una etapa de 200 kilómetros a 40 grados subiendo La Madelaine, el Glandon y terminando en L´Alpe d´Huez.
Pues bien, ahora que ya se detecta la EPO con cierta asiduidad, ha surgido una nueva moda en el dopaje. Lo voy a decir bajito, dado que se supone que no soy un medio profesional, que esto es un blog, y que también se supone que tengo poca credibilidad. Me dicen, me cuentan, me comentan que hay ciclistas que se han empezado a meter hierro en vena cuando sus análisis muestran baja la ferritina. ¿Beneficios? Mis fuentes, toxicólogos de prestigio, afirman que no pueden ser muy grandes. A lo que yo respondo: ¡ay, amigos míos, si van todos al límite el que se haya inventado un plus, por pequeño que sea, tiene mucho ganado!
No os lo toméis demasiado en serio. En definitiva, esto no es más que un blog.
Comentarios