Le acusaban de no tener agenda y ha respondido contundentemente: "medio ambiente, calidad de vida y Sistema Nacional de Salud". Éste podía ser el escueto resumen de los temas (issues) con los que se va a batir el cobre el joven (40 años) pero experimentado candidato torie, David Cameron, en su combate por convertirse en el primer "primer ministro" británico del siglo XXI. Tony Blair, recordémoslo, ya era premier en el siglo XX (1997).
Y la cuestión es que el eslogan de Cameron puede calar entre el electorado británico porque desde hace meses el líder de los conservadores lleva construyendo un "mito político" coherente alrededor de esos valores. Por un lado, los ciudadanos saben que Cameron necesita del Sistema Nacional de Salud para su calidad de vida privada dado que su hijo pequeño tiene una importante discapacidad y, por otro lado, se le ha visto acudir en una ecológica bicicleta a la Cámara de los Comunes desde su residencia en Notting Hill.
La primera reflexión que me merece el empeño de Cameron es que su propuesta es ortodoxamente conservadora, como corresponde a los tories británicos. Cameron quiere conservar el entorno, la calidad de vida y la salud de sus conciudadanos y, en la medida de lo posible, mejorarlo. Así que discrepo para empezar de cierta prensa derechista española que acusa a Cameron de haberse dejado tentar por lo "progre".
Por otro lado, no puedo sino animar a todos los progresistas que en el mundo son -entre los que, con mis contradicciones, me incluyo- a que mantengan o, en su caso, introduzcan estos temas en su agenda particular y pública. Si algo nos jugamos en este principio de S.XXI es la salud y el entorno ambiental (la calidad de vida podría ser un concepto englobador de ambos aspectos).
En definitiva, los temas que Cameron ha puesto encima de la mesa son universales, acuciantes y dignos de que ocupen una parte importante de los programas electorales de los que tanto vamos a hablar en los próximos meses. Dicho lo cual no debemos olvidar que, para los nostálgicos de doña Margaret Thatcher, sin cuyo voto Cameron no podrá llegar nunca a Downing Street, el joven Cameron se ha inventado ese polémico nacionalismo humanista que invoca los Derechos Británicos como un remedo identitario de los Derechos Humanos.
Entretanto, el que será rival laborista de Cameron, Gordon Brown, sigue inmerso en su disputa con el matrimonio Blair. Gordon, ¡reacciona!, que se te espera. Enfrente tienes un tío listo.
Y yo que había hecho el propósito de hablar menos de política... ¡No tengo remedio!
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