Dice Joe Trippi, el manager de la campaña de Howard Dean a la candidatura del Partido Demócrata a la Presidencia de los EE.UU. en 2004, que la revolución de la política no será televisada. Que hay una nueva y una vieja forma de hacer política, y que entre las cosas antiguas está el culto a la televisión como instrumento de comunicación clave en las campañas electorales. A la nueva forma de hacer las cosas, aquí, en España, los adelantados de la blogosfera comenzaron a llamarla hace más o menos dos años Política 3.0.
Baste la introducción para reflejar que la cuestión sobre la televisión y la comunicación política es pertinente de nuevo por lo que está pasando en Italia, donde los próximos 9 y 10 de abril se celebran elecciones legislativas. El gran duelo en estos comicios se libra entre Forza Italia, el partido del primer ministro Silvio Berlusconi, y el centro-izquierda (antes llamado El Olivo, ahora La Unión) encabezado por Romano Prodi. Los sondeos -siempre los sondeos- de los últimos días dan una ligera ventaja en intención de voto a Prodi, alrededor de 3 ó 4 puntos de diferencia. Y Berlusconi no se ha quedado parado.
Hete aquí que el gran magnate de los medios de comunicación y primer ministro italiano, haciendo casi omiso a Joe Trippi, ha decidido jugarse todo a la carta de la televisión. Ha exigido a Romano Prodi debates televisivos cara a cara, y el ex-presidente de la Comisión Europea ha aceptado. El primero de los debates (aquí las reglas del juego) se podrá ver mañana a las 9 de la noche y el segundo y definitivo se pondrá en escena el 3 de abril. Berlusconi, por tanto, sigue creyendo en la televisión; sus críticos dirán que eso ocurre porque es él quien representa la quintaesencia de la política espectáculo o política basura. Bien, puede ser, pero el día 10 veremos si las urnas le dan o le quitan razones.
Por el momento, Il Cavaliere ha comenzado a escenificar su tragedia, ¿o será comedia? Molesto -o supuestamente molesto- con las incisivas preguntas de la periodista de la televisión pública RAI 3, Luzia Annunziata, Berlusconi se levantó en medio de la entrevista y se fue, no sin antes decir lo siguiente: "¿y se supone que yo controlo la RAI?".
Quizá la clave del asunto sea que el programa era grabado, que el primer ministro italiano se mueve bien en el terreno del victimismo y que necesitaba notoriedad con vistas al debate cara a cara de mañana. Quizá. Si fuera así no lo hizo mal. El programa en cuestión, que no suele superar el 9 ó 10% de cota de audiencia, llegó al 23% en el mágico momento de la fuga del magnate.
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