Howard Rheingold nos acercó el concepto de "multitud inteligente" y a muchos españolitos se nos hizo un poco más sencillo entender lo que pasó el 13M. Después Víctor Sampedro y otros matizaron el pensamiento de Rheingold por los caminos de la desobediencia civil y nos dejaron el concepto de "multitudes on line". Unos y otros nos dijeron que las actuales tecnologías de la información -teléfonos móviles e internet, sobre todo- posibilitan la movilización de grandes grupos autoconvocados mediante mensajes dirigidos uno a uno, o pocos a pocos. Justo lo opuesto al broadcasting. Rheingold también puso énfasis en advertirnos de que las multitudes inteligentes se pueden asociar para fines maravillosos o pueden juntarse para lograr objetivos discutibles o directamente reprobables.
Pues bien las multitudes ¿inteligentes? tienen hoy una cita en España, de nuevo. Pero para reivindicar valores e ideales muy distintos de los del 13M. El objetivo es, simplemente, ser muchos y beber mucho. En juego solo está el superar
a los alrededor de 5.000 jóvenes que el pasado 16 de febrero se
juntaron a emborracharse en Sevilla. Los medios de comunicación de los mayores tratan el asunto profusamente (El Mundo, El País, ABC, La Razón...).
Ahora que todo el mundo está preocupado y que hay alcaldes de todas las tendencias políticas que se tienen que enfrentar con la situación, merece la pena recordar que en algunas ciudades las medidas legales permiten actuar y en otras no. Ha habido, por tanto, gente que vio venir la situación (Madrid, Extremadura) y actuó allá por el año 2002 ó 2003. Entonces, la cuestión de la salud de los chavales era tan esencial como ahora, pero algunos -entonces- no lo veían. Hoy sí.
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